The man o’war hug

(this story is written in English and Spanish)

Evita que se arruinen tus vacaciones y actúa rápido en caso de que te toquen, no te talles y sobre todo, no te orines.
Photo credit:
https://www.sdpnoticias.com/estilo-de-vida/medusas-playa-mala-agua.html

English version>

February 14th, 2022

Today, Valentine’s Day is being celebrated here in the United States, and living far away from my childhood friends, I began to miss their hugs. I miss those shared laughs, the ones that make emotions grow until you cry out of happiness. Not many people know how to hug.

Or at least I haven’t felt that satisfaction of the hugs given from within. There are people who hug sideways, who extend their arms and just as you approach to receive them they tilt a little and stick their shoulder in your eye (if they are taller than you) or in your chest, if they are your height.

There are also those in heat. Yes, like those puppies that come to rub their genitals on your leg for the simple pleasure produced by that liberating touch of contained desire.

Then, those repressed beings come and hug you from the front, even before you extend your arms as a sign of wanting to say hello, and they press you against their chest to feel your breasts, and they go up and down in small movements of rare excitement. To get away you have to go to the handbrake, that is to say to your arms, which push and manage to release those pheromones spread all over you.

With the pandemic, hugs were banned. Now we bring our elbows closer as if we were hens and flap our wings to greet each other.

Or the usual fist. The friendly fist like the one boxers give to each other before starting a fight.

I keep thinking about hugs

Last month, a friend took her only son for a trip to the Caribbean Sea. Her vacation was cut short because an aguamala (Portuguese frigate, jellyfish or man o´war) hugged the minor’s ankle with its tentacles.

She told me with maternal anguish that she felt guilty for not having heard or seen the warning signs. Those extrasensory, intuitive alert signals. “The sixth sense failed me”, she repeated to me. Before entering to the beach, many tourists commented that due to the pandemic and global warming, there was an overpopulation of jellyfish.

Seeing the sea after so many months of confinement, it is very difficult to attend to the other signs of the universe. Then mother and son jumped into the immense blue, until the boy began to scream in pain. When my friend could see what was happening, she tried in seconds to remove the living jelly from his ankle.

While he was screaming, in those same seconds her head was desperately flooded with possible solutions heard or seen on the internet: whether to ask the child to pee on his foot, but depending on the type of jellyfish, that could aggravate the injury; What if you put vinegar on it?, but who has vinegar at that moment? Or shaving cream?…

Finally they ran to the hotel, where first aid was given to relieve his burns with an ointment.

Upon returning to his hometown, and after going to school for a couple of days, wearing socks and closed shoes, his foot became swollen and infected. This time he was admitted to the hospital to drain the wounds, disinfect them and monitor the child’s reactions.

Anguish, recriminations, and the obnoxious questions that at times afflict us: the whys?

Why me?, why right now at this point in my life?, and the list goes on…

I only hope that the child heals soon and well, and that my friend embraces herself and forgives herself for whatever she thinks she is guilty of. How I would like to be there and hug her, with one of those supportive hugs.

That stinging hug from the aguamala made me connect with the unwanted hugs of some people. And no matter how much intuition is developed, some beings look harmless, they camouflage themselves among the days, between their clothes and their smiles, they dive into our lives and go around with their tentacles wanting to hug us, and with their poison, the one we don’t see. They knock us down, affecting us. They wait silently, floating they stay, watching how we burn, how we swell, or how we react after the event.

Is it because of beings like these that hugs are extinct? If so, how do we heal? Perhaps we should return to healing as children heal, sooner and fearless. With the same enthusiasm with which my friend’s son is planning his next trip to the ocean.

And on this far shore, I will welcome them, with a compassionate, non-abrasive hug.

El abrazo del aguamala*

*aguaviva, fragata portuguesa, medusa.

14 de febrero de 2022

Hoy, que se celebra el día de San Valentín aquí en los Estados Unidos, y que vivo tan lejos de mis amigos de infancia, comencé a extrañar sus abrazos. Extraño esas risas compartidas, las que te hacen crecer las emociones hasta llorar de dicha. No mucha gente sabe abrazar. 

O al menos no he sentido esa satisfacción que dejan los abrazos dados desde adentro. Hay personas que abrazan de lado, que extienden sus brazos y justo cuando te acercas a recibirlo se ladean un poco y te clavan el hombro en tu ojo (si son más altos que vos) o en el pecho, si son de tu estatura. 

También los hay en celo. Sí, como esos perritos que vienen a sobar sus genitales en tu pierna por el simple placer que les produce ese roce liberador de ganas contenidas. 

Entonces vienen esos seres reprimidos y te abrazan de frente incluso antes de que tu extiendas tus brazos en señal de querer saludar, que tu quieras recibir ese abrazo anunciado, y te aprietan contra su pecho para sentir tus senos, y suben y bajan en movimientos de pequeña y rara exaltación. Para zafarte tienes que acudir al freno de mano, es decir a tus brazos, que empujan y logran desprender esas feromonas esparcidas sobre ti.

Con la pandemia quedaron vetados los abrazos. Ahora acercamos los codos como si fuéramos gallinitas y aleteáramos para saludarnos.

O el consabido puño. El puño amistoso como el que se dan los boxeadores antes de iniciar una pelea.

Sigo pensando en los abrazos. 

El mes pasado, una amiga llevó a su único hijo a pasear al Mar Caribe. Sus vacaciones se vieron truncadas porque una aguamala (fragata portuguesa) abrazó con sus tentáculos el tobillo del menor. 

Me contaba ella con angustia maternal, que se sentía culpable por no haber escuchado o visto las señales de aviso. Esas señales extrasensoriales, intuitivas de alerta. ̈El sexto sentido me falló¨, me repetía. Antes de entrar a la playa muchos turistas comentaban que a causa de la pandemia, y del calentamiento global, había una superpoblación de aguamalas.

Al ver el mar después de tantos meses de encierro, es muy difícil atender las otras señales del universo. Saltaron entonces madre e hijo al inmenso azul, hasta cuando el niño empezó a gritar de dolor. Cuando mi amiga pudo ver lo que pasaba, intentó en segundos quitarle la gelatina viviente del tobillo. 

Mientras él gritaba, en esos mismos segundos a ella se le inundaba la cabeza desesperadamente con posibles soluciones escuchadas o vistas en internet: que si pedirle al niño que se orine sobre el pie, pero que depende del tipo de aguamala eso podría agravar la lesión; que si echarle vinagre, ¿pero quién tiene vinagre en ese instante?, o ¿espuma de afeitar? …

Finalmente corrieron al hotel, en donde le brindaron primeros auxilios, aliviándole las quemaduras con un ungüento..

Al regresar a su ciudad de residencia, y tras ir a la escuela un par de días, usando medias y zapatos cerrados, el pie se hinchó y se infectó. Esta vez quedó internado en el hospital para drenar las heridas, desinfectarlas y vigilar las reacciones del niño.

Angustias, recriminaciones, y las odiosas preguntas que a ratos nos asaltan: los ¿por qué?

Por qué a mí, por qué justo ahora en este momento de mi vida, y la lista sigue…

Solo espero que el niño se sane pronto y bien, y que mi amiga se abrace y se perdone por lo que ella crea que es culpable. Cuánto me gustaría estar ahí, y abrazarla, con uno de esos abrazos solidarios.

Ese abrazo urticante de la aguamala, me hizo conectarme con los abrazos indeseados de algunas personas. Y por más intuición que se desarrolle, algunos seres se ven inofensivos, se camuflan entre los días, entre sus prendas de vestir y sus sonrisas. Se zambullen en nuestras vidas y van por ahí con sus tentáculos queriendo abrazarnos, y con su veneno, ese que no vemos; nos echan abajo, nos tumban. Esperan silenciosamente, flotando se quedan, observando cómo nos quemamos, cómo nos hinchamos, o cómo reaccionamos después del evento. 

¿Es por seres como estos que se están extinguiendo los abrazos? y entonces, ¿cómo nos curamos? 

Quizás debamos volver a sanar como sanan los niños, pronto y con menos miedo. Con la misma ilusión con la que el hijo de mi amiga está planeando su próximo viaje al mar.

Y en esta orilla lejana los recibiré, con un abrazo compasivo, no abrasivo.

PL.

Referencias:

Fragata o carabela portuguesa (a.k.a. aguamala, aguaviva, medusa.)

https://www.semana.com/nacion/articulo/playas-de-cartagena-en-alerta-por-aparicion-de-agua-mala/202223/

Portuguese man-of-war

https://www.nationalgeographic.com/animals/invertebrates/facts/portuguese-man-of-war

Project Do Better: A call for helping hands

Please help Shira Dest and others by joining their community project of creating a book and partnership to “Do Better” (formerly known as Baby Acres) Beta Readers are needed, a logo design is needed and more. See this landing page for more details to put a floor under poverty.

Inspiring Critical Thinking and Community via Books, Lessons, and Story

    Project Do Better works  to create a society where every child is safe, and that is more fully inclusive for all of us. 

  Project Do Better presents a vision of a world in which we all work toward a full safety net, and a better tomorrow, for all of us. 

   I have a request to make:

   I believe that planning ahead is a good idea, so:

   Feedback on the chapters can most easily be commented upon here, for the 5th draft.

 

  We need, still,  a better central portal set up for the project (any volunteers to do that, please?).  This temporary page works for now, I guess, maybe?

Oh, and a logo, please, although a friend of a friend may be working on this, not verified yet.

   The sections, of my nonfiction WiP Do Better, every Wondering Wednesday, …

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What is murmured between the bridge and the water

Photo by Jeff Nissen on Pexels.com

Not always in the rumor of the water we know her secrets.

Warm or cold, it floods us or bathes us in the course of her passage.

Not always, you are always there.

Inviting to drown sorrows walking towards your depths.

You sing or I sing in the emptiness of the sea shells.

Treasure chests that were lost in the bellies of two-legged squid, but never in those of the fisherman who seeks sustenance.

Wet maps that have erased their marks between salts of tears of pirates or conquerors who dreamed of setting foot on land and anchoring in castles.

I, who have seen you quench all thirsts, who have felt you moisten bare skin with scales.

I rise before you, serving as a relief to the passerby, who loaded goes with messages of stories that bind hearts or unleash wars.

I have been made of your stones, your sand and your murmurs.

I have shouted with the anguish of those who throw themselves into the emptiness of emptiness of your abysses, silencing the loneliness left by oblivion.

I have also fallen, through negligence or carelessness of man, that once was a fish and dreamed of connecting two worlds.

Maybe that’s why he comes back to you. With those same hands that were fins one day, tired of swimming, he started to walk, and came to the surface to build me and rest upon me. 

He comes to remember how to breathe, and see the horizon in your immensity. 
Man thinks, yearns. He puts his fins in his pockets to get a coin, the one that gives value to the land. And he throws it to ask fate that in siren songs, they dive and from their ancient world, magically, human vanities can be satisfied.

Spanish version:

Lo que se murmura entre el puente y el agua

No siempre en el rumor del agua sabemos sus secretos.

Cálida o fría nos inunda o nos baña en el recorrer de su paso.

No siempre, siempre estás ahí. 

Invitando a ahogar las penas caminando hacia tus profundidades.

Cantas tú o canto yo en el vacío de las conchas de mar.

Baúles de tesoros que se perdieron en las barrigas de calamares de dos patas, más nunca en las del pescador que busca sustento.

Mapas mojados que han borrado sus marcas entre sales de lágrimas de piratas o de conquistadores que soñaron pisar tierra y anclarse en castillos.

Yo, que te he visto saciar todas las sedes, que te he sentido mojar las pieles desnudas de escamas. 

Me elevo ante ti sirviendo de alivio al transeúnte, quien cargado va con mensajes de historias que unen corazones o desatan guerras.

Me han hecho de tus piedras, de tu arena y tus murmullos.

He gritado con las angustias de quienes se lanzan al vacío del vacío de tus abismos, acallando la soledad que deja el olvido.

También he caído, por negligencia o descuido del hombre, ese que alguna vez fue pez y soñó conectar dos mundos. 

Por eso quizás regresa a ti. Con esas mismas manos que fueron aletas un día, cansado de nadar se echó a andar, y salió a la superficie para construirme y posarse sobre mí.   Viene cuando acaso recuerda cómo se respira, y puede divisar el horizonte en tu inmensidad. 

Piensa el hombre, anhela. Mete sus aletas en los bolsillos para sacar una moneda, esa que le da valor a lo terreno. Y la lanza para pedirle a la suerte, que en cantos de sirenas, se sumerjan y que desde su antiguo mundo, mágicamente, se puedan satisfacer las vanidades humanas.